Para muchas parejas, la experiencia de ser padres es maravillosa que le pone un toque especial a sus vidas, los  llena de ternura y de alegría; sin embargo, en algunas ocasiones en este recorrido no se  alcanza a dimensionar que este hijo (o hijos) también los expone al cansancio, a sentirse agotados, frustrados y sin la privacidad que disfrutaban antes. De ahí que la maternidad y la paternidad cambien la relación de la pareja, porque ahora ese ser requiere de nuestros cuidados las 24 horas y los siete días de la semana, por lo que tenemos menos tiempo para nosotros mismos y para la pareja y uno de los dos empieza a sentirse desplazado.

Es importante tener en cuenta que el hijo o los hijos deben disfrutarse, educarse y acompañarse, sin olvidar que la pareja tiene un espacio propio, ganado desde antes y que se debe evitar colocar a los hijos en medio de los dos, o peor aún, dedicarse a la tarea de ser padres y olvidarse de la relación de pareja. No es verdad que los hijos separen a la pareja, sino que la pareja cede su espacio a los hijos ubicándolos en medio. Es común pensar en esto, ya que visto desde afuera parece que muchos de los problemas se centran en ellos, pero esto es una forma de refugiar lo que está fallando y faltando en la relación de pareja.

La experiencia con los hijos es particular y está inmersa en la historia de la relación de pareja. Desde allí se generan movimientos en el rol de ser padres; es decir, independientemente si los hijos son deseados, programados o no, esto no los exime de los cambios propios de la dinámica que imprime el nuevo integrante. Lo cierto es que cada subsistema debe tener su lugar. Recordemos que la relación de pareja sostiene y mantiene unida a la familia.

Vamos a compartir algunos tips para cuidar la relación de la pareja sin descuidar a los hijos:

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