La soledad ¿Nuestra aliada o nuestra enemiga?

Es cuestión de nuestra necesidad. Si tú eres una de esas personas que ha entrado en conflicto con la soledad, regálate unos minutos para informarte un poco más sobre ella y permítenos desde el Centro de Familia VID acompañarte en el proceso. Acá te van algunos datos importantes a tener en cuenta: La soledad es un estado, no una constante. Estar solo o sola es una mezcla entre la realidad (un hecho) y la percepción de la realidad (lo que siento, más allá de ser real o no) Sentirme solo o sola no necesariamente significa que lo esté, permite reevaluar lo que percibes. La soledad es una decisión y es necesaria en algunos momentos. Hazte esta pregunta: ¿Estoy solo/sola o estoy conmigo? Ante la soledad tienes la opción de abrazarla o luchar en contra, decide que deseas hacer con ella, pues siempre existirá, ya que hace parte de la propia naturaleza del ser humano. Así como invertimos tiempo en nuestros vínculos sociales, es importante invertir tiempo en nosotros mismos y, para hacerlo, requerimos de la soledad. Es cierto que a veces sentimos que la soledad es un obstáculo para nuestros objetivos o simplemente creemos que ya hemos pasado suficiente tiempo a solas, pero nunca será “mucho tiempo” cuando hablamos de nosotros mismos. Recuerda, la vida es tuya, siempre necesitarás tiempo para ti. Escucha tu necesidad, escúchate a ti mismo/misma.
Dios me hizo mujer, un rol muy importante en nuestra sociedad

¿Sabías que el papel de la mujer cumple un rol muy importante en nuestra sociedad?, aunque muchas no lo crean y se hayan dejado permear por una colectividad que ha querido invisibilizarlas, algunas de ellas lo han permitido. Esto lleva a quedar en la queja y desesperanza, pero no se han dado el tiempo de reconocer que Dios, en su infinito amor, fue muy claro cuando la creó al lado de Adán, como ayuda idónea, llena de mucha sabiduría y posibilidades para hacerse cargo de lo que ella se propusiera. Es por esto que invitamos a todas las mujeres para que tenga un reconocimiento de ellas mismas, como una creación, y nunca dudar de los dones que se les fue otorgado. Mujer, recuerda: Eres única y exclusiva, no eres ni más ni menos que el hombre. No es sano compararse con tus iguales, solo míralas y admíralas. Sé empática contigo misma, solo echa un vistazo al espejo y reencuéntrate con tu ser. Válida tus cualidades, acepta tus debilidades y trabájalas por tu bienestar. Analiza los mandatos familiares que te dieron sobre tu rol en la tierra, si no fueron positivos, sustráelos de tus pensamientos y decide replantear los que tú consideres. Piensa continuamente en los aportes que das a las demás personas y lo que les ha ayudado a crecer, familia, hijo, sobrinos, amigos y demás. No renuncies a tus proyectos, recuerda que fuiste creada con mucho amor. Finalizo diciendo, que si todas las mujeres creyeran firmemente quien las formo, no incurrirían en tantas tristezas, cargas emocionales, roles que no les corresponde, no fueran tan controladoras y demás calificativos poco positivos que se les ha dado. Mujer, recuerda Dios te hizo para que fueras feliz.
La autoestima no tiene género

Cuando se nombra la palabra AUTOESTIMA, aparece en muchos momentos un señalamiento jocoso, donde se alude que es un tema trillado, el cual se repite continuamente y quien tiene este problema, es porque realmente no piensa en su ser interior; sin embargo, creería que es un tema que requiere ser abordado de fondo, ya que al parecer no se le ha dado la suficiente importancia, ni se ha hecho consciente su significado y las repercusiones que tiene a nivel psíquico. De lo anterior, da cuenta, la cantidad de personas que asisten a la terapia por un motivo diferente al tema de la autoestima, pero al indagar, encontramos que el foco a intervenir es realmente el malestar derivado de unas palabras dañinas emitidas desde el ámbito familiar, escolar o social que lleva a incurrir en una baja autoestima algunas palabras son: “no eres bueno para eso”, “te falta mucho”, “tu hermano lo hace mejor”, “estás muy gorda”, «pareces desnutrido», entre otras; palabras que generan angustia, miedos paralizantes que imposibilitan trascender donde se desea, y que al final, llevan a que el sujeto se sumerja en una tristeza, aislamiento, desolación y poco deseo de socializar con los demás. Esto es lo realmente delicado cuando no se aborda este tema de raíz, ya que lo más fácil en muchos momentos es apaciguar el dolor, pasando la mano por el hombro y diciendo que todo estará bien, algo que no es cierto. Es por esto que los invitamos a tener en cuenta las siguientes recomendaciones en caso de que usted o algún familiar estén a atravesando por una situación similar a la anterior. Identifique que palabras de la infancia afectan la manera en la que socializa con los demás, analizarlas, determinar qué tan ciertas son, hacer consciente cuanto han afectado y cambiarlas por palabras que le generen bienestar. No espere el reconocimiento de los demás, dele todo el valor a lo que hace y dice, sustentado con argumentos concretos y respetuosos. Mírese a un espejo, identifique que es lo que más le gusta, resáltelo y lo que menos le gusta, busque la manera para que lo vea mejor. Valide sus emociones, recuerde que ellas no son buenas ni malas, son necesarias para tramitar eventos a los que ve expuest@. Ame su cuerpo y su ser, es único, no hay nadie más como usted. Aléjese de las personas que le nombran palabras descalificantes, huya de ellas en el primer comentario dañino que hagan. Dedique tiempo para compartir con personas que le generen bienestar, no aquellas que le quiten la paz, sino aquellas que escuchen, sin hacer juicios de valor ni señalamientos. Disponga tiempo a solas para revisar sus logros, lo que soltado, sanado y personado. Recuerde que la autoestima es amarse, quererse, respetarse, valorarse, no compararse con el otro y buscar ayuda para fortalecerla.